miércoles, 7 de diciembre de 2011

El lenguaje figurado

Función poética y retórica del lenguaje: el lenguaje figurado

La belleza del lenguaje cumple no sólo con una función estética o de simple ornato, sino que le brinda fuerza, expresividad y efectividad a los textos diversos. Entre las propiedades de los prototipos textuales (no sólo de la narración, la descripción, la exposición y la argumentación sino también del diálogo), es necesario enfatizar que las propiedades de cohesión, adecuación y referencia tienen en al función poética del lenguaje una de sus mejores herramientas.

La belleza ha sido una de las cuestiones más estudiadas no sólo desde la estética sino desde la filosofía. Algunas consideraciones al respecto: bello es lo que causa placer y agrado; lo bello es una apariencia subjetiva; lo bello es una realidad absoluta; lo bello es la expresión del bien y se funda en la perfección.

Así, por ejemplo, según Platón, la belleza “es el resplandor de lo bueno y lo verdadero”, y se acuerdo con Aristóteles, “la belleza consiste en la grandeza y en el orden”. Para Santo Tomás, “es orden con claridad”, hasta la del filósofo Schellng: “es lo infinito presentado como finito”.

El lenguaje lógico y su expresividad.

Hemos señalado que mediante el lenguaje podemos comunicar juicios y razonamientos de una manera clara y objetiva (gracias a la función referencial del lenguaje, a la que el lingüista Roman Jakobson le asigna principalmente el valor de informar) acerca de ideas, juicios y razonamientos acerca de un hecho o un objeto. Y hemos visto que este tipo de lenguaje es el ideal para la exposición científica o incluso del lenguaje periodístico (con excepciones en algunos géneros como la crónica y el artículo de opinión, principalmente, que recurren a la función poética del lenguaje). Se trata, pues, del lenguaje lógico.

Cuando el lenguaje cumple cabalmente con la función referencial, es decir, cuando el lenguaje es esencialmente lógico, lo que importa en él es la claridad y la exactitud. No debe quedar sobreentendido nada, porque las ambigüedades –si bien propias de la naturaleza misma del lenguaje--habrán de quedar reducidas hasta su mínima expresión. Los argumentos no habrán de requerir repeticiones enfáticas. Nada de giros retóricos. Basta las construcciones gramaticales correctas y cada término deberá estar puesto y ponderado en su justa dimensión y su significación más denotada, es decir, directa.

A este tipo de lenguaje suele también llamársele lenguaje objetivo, y su andamiaje es el razonamiento lógico. Comunica hechos reales de una manera en que las emociones y los sentimientos no tienen cabida. Quien lo comunica es, ante todo, un ser racional que soslaya su naturaleza subjetiva.

Pero el lenguaje nos sirve también para comunicar lo que sentimos, deseamos o imaginamos, y cumple así lo que el mismo lingüista Roman Jakobson denominó a función poética del lenguaje.

Aquí el lenguaje lógico se trastoca y se convierte en un lenguaje subjetivo, no tanto ilógico pero si recurre a otra lógica: la lógica no de la razón sino de los sentimientos y las emociones. Se enfatiza, se insiste, se apela a los sentidos y a la belleza en la construcción de las frases u oraciones. Las construcciones gramaticales se quiebran y desordenan en aras de la expresividad y la belleza. Las palabras y giros lógicos de un discurso formal son reemplazados por otros que experimentan un cambio aparentemente accidental de significación. Este es el principio del lenguaje figurado.

El lenguaje embellecido: su carácter figurado

El escritor argentino Ernesto Sábato, en su libro Hombres y engranajes, publicado en los años sesenta del siglo pasado, reflexiona acerca de los alcances estéticos de las palabras y señala atinadamente que el lenguaje aunque pretenda ser lógico siempre tendrá algo de figurado porque el lenguaje mismo es una gran metáfora de la realidad a que hace referencia.

Señala también que el lenguaje figurado está presente en las expresiones cotidianas como: “cuando el Sol se oculta” (en realidad el Sol no se oculta, sino que es la Tierra la que gira), “al doblar a esquina” (ninguna esquina se dobla en realidad), “estaba hecho un mar de lágrimas” (lo cual sin duda es una exageración, digamos, de dimensión oceánica). Sin embargo, usamos estas expresiones como moneda de uso corriente y nadie se detiene a observar su naturaleza lógica.

Los retóricos de la antigüedad llamaron figuras a las formas y construcciones peculiares del lenguaje expresivo o figurado, y estas figuras fueron estudiadas afanosamente por Aristóteles y sus discípulos para explicar las repercusiones de su uso en la retórica y la poesía.

Ya en nuestra era, Montaigne (1533-1592), en una época en que el conocimiento retórico también era un asunto de elites dominantes, señaló que los tecnicismos, es decir, los términos técnicos o especializados, de la retórica grecolatina eran “denominaciones que pueden aplicarse a la charla de vuestra criada”, lo cual en realidad significa que este filósofo había advertido la presencia del lenguaje expresivo o figurado en el habla coloquial y cotidiana de los mortales.

Desgaste y opacidad del lenguaje figurado

Cuando alguien se refirió por primera vez a “los dientes de perlas”, “los cabellos de oro” o “su piel de manzana”, sin duda que sorprendió y conmovió a muchas personas. Porque las expresiones figuradas del lenguaje son como las monedas: cuando nuevas, son brillantes, codiciadas y su valor de cambio es muy amplio. Sin embargo, con el uso corriente ya no sorprenden casi a nadie y su brillo desaparece para dar una apariencia gastada y opaca. Aquí es cuando el lenguaje figurado sin dejar de serlo, adquiere una dimensión trillada o de eso que suele llamarse “lugares comunes” del lenguaje, es decir, expresiones figuradas pero muy desgastada por su uso corriente.

Es verdad que el habla cotidiana se vale del lenguaje expresivo o figurado con absoluta naturalidad, y hay variedades suyas como el lenguaje popular y las jergas o argots en las que a la creatividad y la imaginación resultan insustituibles.

En la producción de textos escritos de toda naturaleza, como en toda la creación literaria, el reto es evitar lo trillado e impulsar la renovación del lenguaje figurado, con profusión de expresiones creativas y nuevas, llenas de belleza y de virtud poética.

Figuras de lenguaje, de pensamiento y tropos

Aunque la retórica tradicional clasificaba los procedimientos de los que se vale el lenguaje expresivo en figuras del lenguaje, de pensamiento y tropos, lo cierto es que los límites entre cada tipo de figuras no están marcados con precisión. Por tanto, hemos de referirnos a éstas como figuras del lenguaje y ejemplificaremos su uso en el lenguaje poético y en el lenguaje corriente o de uso común en cualquier tipo de prosa de los prototipos textuales explicados en el Taller de Lectura y Redacción I.

La palabra tropo significa en griego cambio, vuelta, giro. Co esta palabra damos a entender la mutación o transformación que ha padecido el significado denotado u original de un vocablo o de una frase entera. ¿en qué se diferencian las figuras de los tropos? Básicamente en que en las figuras cada cosa conserva su propio nombre, en cambio en los tropos las cosas reciben un nombre sustituto que guarda una relación semántica o derivada con el nombre original.

Estas son algunas figuras de lenguaje, de pensamiento y tropos que podrás utilizar en la producción de tus textos escritos:

Metáfora: Es el tropo por excelencia. Consiste en expresar una idea o denominar algo con el nombre de otra que tenga con la primera una relación de equivalencia o semejanza. En el lenguaje ordinario encontramos una gran variedad de metáforas, pero en la poesía encontramos obras maestras de este recurso poético:

Ejemplos:

Los hilos del aguacero (Antonio Machado)

Me muerde el diente de la envidia (Horacio)

El ancho dorso del mar (Homero)

Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras (García Lorca)

Comparación: También llamada simplemente imagen, la comparación es una especie de metáfora que lleva siempre como componente a su propio referente. Juntos, referente e imagen, guardan una relación d equivalencia, pero no de sustitución como ocurre en la metáfora. En la comparación, referente e imagen se necesitan porque se equilibran en un juego mental en el que le asignamos un valor o cualidad semejantes, este valor puede estar dado por un movimiento o un detalle significativo, como el olor o el color. Ambos elementos están unidos en la comparación gracias a algunos conectores, algunos en desuso: cuán, como, al igual que, como si fueran… Los ejemplos de comparaciones empleadas tanto en la poesía como en la vida diaria son abundantes:

…tus muslos se me escapaban

como peces sorprendidos.

(G. Lorca)

La blanca cigüeña

como un garabato

sobre el campanario

(A. Machado).

“tu cabello sombrío/ como una larga y negra carcajada”. (Ángel González)

Alegoría: Es una metáfora continuada y llevada hasta sus últimas consecuencias. Se parte de una metáfora y luego ésta es enriquecida con varias evocaciones hasta hacernos olvidar el plan real y situarnos casi por completo en el plano evocativo. El poema satírico de Francisco de Quevedo, A una nariz, es un ejemplo de alegoría usada en la poesía:

Érase un hombre a una nariz pegado;

érase una nariz superlativa

érase una nariz sayón y escriba,

érase un peje espada muy barbado

Era un reloj de sol mal encarado

érase una alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto:

las doce tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,

Muchísima nariz, nariz tan fiera,

que en la cara de Anás fuera delito-

La alegoría es un recurso de gran importancia en toda la creación artística, y podemos asegurar que alegorías son los mejores cuentos fantásticos, las fábulas de Esopo, y Esquilo, y no hablar de las novelas de autores como Gabriel García Márquez o José Saramago, o incluso la Biblia, porque qué no sino una gran alegoría es la literatura universal, metáfora continuada de mundos recreados o imaginados por el ser humano.

Ironía. Es una burla fina y disimulada, que consiste en tratar de decir lo opuesto de lo que expresamos. Es decir, con la ironía indicamos una idea mediante la expresión de la contraria y ello constituye el procedimiento más característico de la burla y del humorismo. La ironía amarga o cruel se llama sarcasmo. La siguiente estrofa del poema “Cuarto de baño”, del poeta español Gerardo Diego, nos da un ejemplo del uso de la ironía:

Qué claridad de playa a mediodía

qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,

sí, entre espumas y platas y azulejos

Venus renace a la mitología.

Onomatopeya: Esta figura consiste en la imitación de sonidos o movimientos reales por medio de sonidos que se escuchan como un movimiento o sonido natural (“el chipi-chipi nos mojaba”, “se armó el traca-traca” o “la gallina cacareaba y el toro mujía”). Hay onomatopeyas en vocablos como zumbido, siseo, zigzag y sustantivos como torta o carroza. Gracilazo, el poeta español del llamado Siglo de Oro de la poesía española, nos hace evocar los sonidos de u movimiento de abejas, gracias al sonido de la “s”:

En el silencio sólo se escuchaba

Un susurro de abejas que sonaba.

Anáfora:. Es una figura que consiste en repetir una o varias palabras a principio de frases análogas al comienzo de cada una de éstas, con la finalidad de enfatizar una situación o circunstancia y agregar dramatismo o expresividad a lo que queremos decir.

Cervantes nos da un ejemplo de hémelo de la anáfora en El Quijote:

Aquí fue Troya, exclamaba; aquí mi desdicha y no mi cobardía se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se oscurecieron mis hazañas; aquí cayó mi ventura para jamás levantarse.

Aliteración: Suele confundirse con la anáfora porque ambas recurren a la repetición de sonidos. Sin embargo, en la aliteración esta repetición no sólo está al principio de cada frase sino en toda la frase, con la finalidad de crear el efecto por medio del sonido, hasta un grado casi onomatopéyico. Con esta repetición s elogra aumentar la sugestión rítmica. Como en los siguientes ejemplos:

Y déjenme muriendo

Un no sé qué que queda balbuciendo.

(San Juan de la Cruz)

Y mi voz que madura

Y mi bosque madura

Y mi voz quema, dura.

(Xavier Villaurrutia)

Reticencia. Es la interrupción de la frase iniciada, por medio de puntos suspensivos, que al entrecortarse o interrumpirse revela exaltación o deja entrever que prefiere insinuar lo que no alcanza a decir (“Había copiado el examen una, dos, tres… Y un día lo descubrieron”).

El poeta Espronceda nos da un ejemplo de reticencia:

Tal vez… si tú en tu delirio

De mí olvidado… No sabes,

Adán, de lo que es capaz

una mujer por vengarse.

Apóstrofe: Es una invocación, exclamación o pregunta dirigida de manara vehemente a un ser presente o ausente, real o imaginario (“¿Por qué, Dios mío, por qué me ha pasado esto a mí?”). Fray Luis de León nos da un ejemplo de apóstrofe empleada como recurso poético:

¿Y dejas, Pastor Santo,

tu grey en este valle hondo, oscuro,

en soledad y llanto,

y tú, rompiendo el puro

aire te vas al inmortal seguro?

Prosopopeya. Esta figura atribuye acciones o cualidades propias del ser humano a otros seres animados o inanimados. El cantante popular mexicano Cuco Sánchez empleaba frecuentemente este recurso en sus canciones (“Háblenme montes y valles / grítenme piedras del campo…”). En la poesía abundan los ejemplos, pues el ser humano ha deseado de muchas maneras establecer intercambios sentimentales con la Naturaleza. Así, Garcilaso plasmó lo siguiente:

Con mí llorar las piedras enternecen

su natural dureza y las quebrantan;

los árboles parece que se inclinan;

las aves que me escuchan, cuando cantan

con diferente voz se condolecen

y mi morir cantando me adivinan.

Sinestesia: Figura que consiste en definir algo o a alguien con un sentido que no le corresponde ni le es afín (“verde chillón” conjunta a dos mundos sensoriales) Es también una figura retórica que, además de la mezcla de sensaciones auditivas, visuales, gustativas, olfativas y táctiles, asocia elementos procedentes de los sentidos físicos con sensaciones internas (sentimientos).

Ejemplos: Juan Ramón Jiménez es quien la emplea con mayor asiduidad y perfección, al que seguirán después los poetas del 27:

Es de oro el silencio. La tarde es de cristales. (JRJ, Hora inmensa)

en el cénit azul, una caricia rosa! (JRJ, Elegías lamentables)

por el verdor teñido de melodiosos oros; (JRJ, Elegías lamentables)

Hipérbole: Es una expresión exagerada que en su propia exageración denota admiración o desacuerdo. La hipérbole se acompaña a menudo de otra figura clave: la comparación. Los ejemplos cotidianos abundan: “Era más flaco que un alfiler”, “En el estadio no cabía un alma más”. “Su vida era un valle de lágrimas”. Garcilaso nos da otro ejemplo en la poesía:

¿Ves el furor del animoso viento

embravecido en la fragosa sierra,

que los antiguos robles ciento a ciento

y los altísimos pinos atierra,

y de tanto destrozo aún no contento

al espantoso mar mueve la guerra?

Calambur: Es la figura que se produce cuando a sílaba de una o de varias palabras, agrupadas de otro modo, producen o sugieren un sentido radicalmente diferente. Los juegos de palabras, las adivinanzas y los chistes populares recurren al calambur (“Oro parece, plata no es. Oro parece, plátano es”). La obra de Juan Ruiz de Alarcón recurre frecuentemente al uso del calambur para satirizar a personajes o situaciones. Como muestra el siguiente fragmento:

¿Éste es conde? Sí, éste esconde

la calidad y el dinero.

Oxímoron. También llamado antítesis, el oxímoron se produce por la aproximación de dos palabras, frases, cláusulas u oraciones de significado opuesto, con el fin de enfatizar el contraste de ideas o sensaciones.

La palabra oxímoron es, ella misma, un oxímoron, ya que deriva del griego oxys, que significa ‘agudo’, y moron, que significa romo.

Ejemplo: “Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente” (Quevedo)

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